Esta es una de mis canciones favoritas de los Cramps. Eso de una chica desnuda cayéndose por las escaleras me parece deliciosamente surrealista (parece ser que se inspiraron en un cuadro. Unos chicos cultos ahí donde los veis…) Casi tan delicioso como esa pareja formada por la espectacular Poison Ivy (“tengo un poster tuyo colgado en mi habitación”) y el desquiciado Lux Interior (poseedor por cierto de todo un vozarrón, cualidad que pocos aprecian, oculta como está tras su histrionismo).
Recuerdo que por el lejano año del 91 me embarqué con un amigo de la facultad en un autobús que se fletó de Madrid a Zaragoza con el objetivo de asistir a la única actuación que ofrecieron en esa ocasión en España, y tengo que decir que lo recuerdo como el concierto más impactante de mi vida. Sumergido en el inmisericorde pogo, fui testigo de cómo Lux Interior, ataviado con un modelito igual que el que luce en el vídeo, tacones incluidos, pero sustituyendo el color “rojo demonio” por el “negro vampiro”, dio buena cuenta de una botella de vino tinto enganchada al palo del micro (sí, en el mismo lugar donde los cantantes normales colocan… el micro) Acto seguido estrelló la botella contra el suelo, y ni corto ni perezoso se revolvó por el suelo en éxtasis gozoso. No contento con eso, se dedicó a escalar por una de las torres de amplificadores con los tacones puestos (juro que los amplis se tambalearon más de una vez) y acabó colgando boca abajo del andamiaje de los focos, a unos cuatro metros del escenario y por lo menos 6 del suelo. No recuerdo como bajó pero lo que si recuerdo es que entre el público me topé con un ejecutivo trajeado con maletín incluido y también con una señora de mediana edad ataviada con un chandal azul brillante de esos con rallitas blancas en las mangas riendo como una loca. Lo dicho, un concierto inolvidable… Con estos recuerdos, no os extrañará que ocupen un lugar especial en mi corazoncito.
¡A disfrutarla!